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Aunque creamos que tenemos el control total sobre lo que comemos, la realidad es que nuestros sentidos juegan un papel fundamental en nuestras decisiones alimentarias. Charles Spence, psicólogo de ciencias alimentarias de la Universidad de Oxford, explica que el sabor no solo proviene de la boca, sino que es una construcción multisensorial en la que intervienen la vista, el oído, el tacto y el olfato. De hecho, incluso antes de probar un alimento, nuestro cerebro ya está haciendo suposiciones sobre cómo será su sabor, textura o aroma.

Un ejemplo claro es el sonido: el crepitar de un filete o el sonido de una lata de refresco al abrirse pueden activar nuestras papilas gustativas antes de llevar el alimento a la boca. Incluso la música que escuchamos mientras comemos puede influir en nuestra percepción del sabor. Esto se conoce como «condimentación sonora», un concepto que demuestra cómo el sonido puede modular nuestra experiencia gastronómica.

Basado en investigaciones de expertos como Betina Piqueras-Fiszman de la Universidad de Wageningen, aquí te presentamos 7 estrategias respaldadas por la ciencia para usar tus sentidos a tu favor y comer de manera más saludable:

  1. El poder de los colores en los envases: Los colores de los empaques influyen en nuestras expectativas sobre la comida. Los tonos marrones, verdes y blancos suelen asociarse con alimentos saludables, mientras que los rojos, amarillos y morados se vinculan con opciones menos saludables. Para evitar tentaciones, guarda los dulces en recipientes opacos que bloqueen estas señales visuales.
  2. La ubicación en el supermercado importa: Los supermercados suelen colocar los productos más tentadores a la altura de los ojos o cerca de las cajas. Esto se conoce como el «principio del mínimo esfuerzo», ya que tendemos a elegir lo que está más a la vista. Para evitar compras impulsivas, explora los estantes menos visibles, donde suelen estar las opciones más saludables.
  3. El peso de los platos y cubiertos: Estudios han demostrado que comer en platos más pesados puede aumentar la sensación de saciedad, incluso antes de probar la comida. Lo mismo ocurre con los cubiertos: los más pesados pueden mejorar la percepción del sabor y hacer que la comida sea más satisfactoria.
  4. La presentación de los alimentos: Una comida bien presentada, con variedad de colores y formas, puede resultar más apetecible. En un estudio, los participantes calificaron una ensalada como más sabrosa cuando estaba presentada de manera artística, similar a una obra de arte.
  5. El impacto del sonido: La música lenta puede hacer que comas más despacio, lo que reduce la ingesta de calorías. Además, la música de tono agudo se asocia con el dulzor, mientras que la de tono grave resalta el amargor. Evitar distracciones como el teléfono o la televisión también ayuda a comer de manera más consciente.
  6. Reducir la densidad calórica sin sacrificar el volumen: Mantén el mismo tamaño de porción pero reduce las calorías añadiendo ingredientes saludables como puré de coliflor o espinacas. Estudios de Barbara Rolls de la Universidad Estatal de Pensilvania muestran que las personas se sienten igual de saciadas con comidas menos densas en calorías.
  7. El efecto «estómago del postre»: Ver un postre puede despertar el deseo de comerlo, incluso cuando ya estamos llenos. Spence explica que rara vez comemos por hambre real; generalmente nos estimulan señales externas como lo que vemos, oímos u olemos.

Estas estrategias demuestran que, con pequeños ajustes en nuestro entorno, podemos mejorar nuestros hábitos alimenticios sin esfuerzo. La próxima vez que prepares tu comida, prueba con música suave y una presentación atractiva.

La entrada caduca en 7:57pm el viernes, 18 diciembre 2026

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