sábado 26 de septiembre de 2026 19:00 pm
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Detrás de la cifra de US$116 millones hay una decisión tan estratégica como generosa. Stephen Curry tenía derecho a exigir hasta US$136.7 millones en su extensión con los Golden State Warriors, el máximo que la reglamentación le permitía comandar, y optó por aceptar unos US$20 millones menos. No se trató de un error de cálculo sino de un plan acordado con la franquicia: según ESPN, los Warriors presentaron a Curry varias alternativas que incluían la idea de una ligera reducción salarial respecto a su máximo, para entregarle al equipo mayor espacio en el tope salarial y la posibilidad de construir un contendedor a su alrededor en los años finales de su carrera. La estructura del contrato revela la mecánica: el base cobrará US$62.6 millones la próxima temporada, verá su salario descender a US$55.7 millones en 2027-28 —el año de la reducción deliberada— y luego podrá ejercer una opción de jugador por US$60.2 millones en 2028-29, una fórmula que se asemeja a la extensión que Kawhi Leonard acaba de firmar con los Toronto Raptors. Para un jugador que ha generado miles de millones en valor de franquicia —campeonatos, el Chase Center, la revolución del triple en la NBA—, el gesto confirma lo que Curry ha repetido en cada entrevista: quiere retirarse como Warrior y quiere hacerlo compitiendo, no de figurón. El gerente general Mike Dunleavy lo resumió en el comunicado oficial, hablando de su «liderazgo y sacrificio únicos», dos palabras que en este contrato dejan de ser retórica para convertirse en aritmética: veinte millones de dólares cedidos por la causa de un tercer acto competitivo en San Francisco.

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