sábado 26 de septiembre de 2026 18:41 pm
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De todas las imágenes que dejará la carrera de Justin Verlander —los tres no-hitters, los tres Cy Young, el MVP de 2011, las dos Series Mundiales con Houston—, la que quedará grabada en la memoria colectiva del béisbol ocurrió el sábado 26 de septiembre de 2026 en la sexta entrada del Comerica Park. Con un out en el episodio y los Tigers abajo 2-0 ante los Pirates, el mánager A.J. Hinch emergió del dugout para hacer el cambio, pero en lugar de señalar al bullpen, señaló a la primera fila de asientos junto al dugout. De ahí salió corriendo Genevieve, la hija de siete años del pitcher, quien cruzó el campo hasta el montículo y se lanzó a los brazos de su padre. Verlander, de 43 años, la abrazó con fuerza mientras su cuerpo temblaba y las lágrimas afloraban, en un momento que el propio club resumió en redes sociales con una frase que ya se volvió viral: «¿Cómo no ser romántico con el béisbol?». Los Pirates, dirigidos por Don Kelly, excompañero de Verlander, se pararon en su dugout a aplaudir mientras observaban la historia. La escena venía preparada la víspera: el viernes, tras la ceremonia de despedida, la pequeña Genevieve había lanzado la primera bola ceremonial a su padre desde ese mismo montículo, un anticipo poético de que el último cambio de su papá sería obra suya. La carga emotiva era previsible: Verlander aceleró su rehabilitación de la lesión isquiotibial específicamente para poder hacer una última apertura en Detroit, la ciudad que lo eligió en el draft de 2004 y donde debutó el 4 de julio de 2005. Cuando el relevista Tyler Kinley por fin lanzó, habían pasado cinco minutos y medio desde la última vez que un Verlander dominó el montículo de las mayores.

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