Respiración de alivio en los mercados tecnológicos. Tras una de las semanas más negras del año para el sector, las acciones ligadas a la inteligencia artificial repuntaron este lunes 19 de octubre, recuperando parte de un terreno que se había venido abajo con una brutal sacudida bursátil.
El contexto del rebote es revelador: el índice de semiconductores de Filadelfia llegó a la jornada con ocho sesiones consecutivas de pérdidas —su peor racha desde la crisis financiera de 2008—, en las que el sector llegó a perder alrededor de un 11 % semanal y vio evaporarse unos 2 billones de dólares en capitalización combinada.
Nvidia, AMD e Intel recuperan el pulso
El índice del sector avanzó aproximadamente un 2.4 % durante la jornada, empujado por los fabricantes de chips más golpeados la semana anterior. Nvidia, AMD, Intel y Micron —que la semana pasada llegó a caer más de un 14 %— encabezaron la recuperación y devolvieron algo de optimismo a un mercado que había comenzado a dudar del auge de la IA.
El rebote también alcanzó a las empresas de infraestructura para inteligencia artificial. Casos como el de CoreWeave, que saltó tras una mejora de calificación por parte de Goldman Sachs, muestran que los inversionistas siguen dispuestos a apostar por el sector cuando aparecen señales positivas, en medio de rendimientos de bonos más bajos y un petróleo más barato.
¿Cuánto cuesta construir el futuro?
Sin embargo, el entusiasmo convive ahora con una pregunta incómoda: ¿quién paga la fiesta? Los sistemas avanzados de IA demandan centros de datos, procesadores especializados, cantidades enormes de energía eléctrica y redes de comunicación de alta capacidad, una infraestructura que exige desembolsos multimillonarios mucho antes de que las empresas puedan demostrar beneficios sostenidos.
Las cifras son de vértigo. Diversas estimaciones sitúan la inversión acumulada en inteligencia artificial en torno a 1.8 billones de dólares hacia 2028, y algunos análisis elevan el gasto total en centros de datos hasta rangos de entre 4 y 8 billones en los próximos cinco años. Según Morgan Stanley, más de la mitad de ese dinero provendrá de capital prestado, lo que añade una capa de riesgo financiero a la ecuación.
El examen de resultados
El verdadero desafío para las compañías no es solo desarrollar modelos cada vez más potentes: deben demostrar que sus productos generan ingresos suficientes para justificar semejantes inversiones. Los reportes trimestrales de esta semana —con Meta, que podría destinar hasta 145,000 millones de dólares a IA este año, bajo la lupa— servirán de termómetro para medir si la fe del mercado permanece intacta.
Mientras tanto, la tecnología no deja de expandirse hacia la medicina, la educación, el entretenimiento, la programación y prácticamente todos los sectores productivos. El rebote del lunes confirma que el interés por la IA sigue vivo, pero también que los inversionistas han cambiado de actitud: ya no basta con prometer revolución; ahora exigen resultados.
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