domingo 19 de abril de 2026 23:43 pm
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Por: Félix Jiménez Campusano periodista.

Santo Domingo DN., RD., 19 de abril. En el tablero político dominicano, la figura de David Collado se proyecta como el prototipo del administrador eficiente. Su narrativa principal, forjada desde la Alcaldía del Distrito Nacional y consolidada en el Ministerio de Turismo, sostiene que su éxito radica en el saneamiento de las finanzas públicas. Sin embargo, surge una interrogante válida: ¿Estamos ante una reducción real de la deuda o ante una hábil estrategia de acomodamiento de compromisos?

Es innegable que Collado posee una capacidad excepcional para renegociar contratos y presentar balances que agradan a los mercados y a la opinión pública. No obstante, en la gestión pública, «acomodar» la deuda mediante la extensión de plazos o la reestructuración de servicios —como el aseo urbano— puede aliviar el flujo de caja inmediato sin atacar el déficit estructural. Esta técnica, aunque pragmática, suele priorizar la imagen de solvencia para fines electorales sobre la sostenibilidad a largo plazo.

Para los ciudadanos, el reto es distinguir entre la eficiencia administrativa genuina y el marketing político que utiliza la transparencia como escudo. David Collado camina sobre una fina línea; mientras diversos sondeos y mediciones —que carecen de aval científico y funcionan más como un trabajo motivacional inducido y fácilmente manipulable— intentan posicionarlo, el escrutinio técnico sugiere que su modelo de gestión depende, en gran medida, de una narrativa de «ahorro» que no siempre se traduce en una liberación real del patrimonio público de sus compromisos históricos.

La entrada caduca en 3:02am el lunes, 19 octubre 2026

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