La nueva presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, asumió este viernes 8 de mayo de 2026 el cargo en un acto multitudinario celebrado en el Estadio Nacional de San José, con una promesa contundente: aplicar una «mano dura» contra el narcotráfico, que ha penetrado instituciones estatales y disparado la violencia en un país tradicionalmente considerado como uno de los más seguros de América Latina. Con solo 39 años, esta politóloga y exministra de la Presidencia se convierte en la segunda mujer en gobernar Costa Rica y en una figura clave en el giro a la derecha que está viviendo la región.
Un discurso de firmeza: «No me temblará el pulso»
En su discurso de toma de posesión, Fernández dejó claro que su gobierno no tolerará la infiltración del crimen organizado en las instituciones costarricenses. «Una respuesta de mano dura porque es lo que ustedes esperan. No me temblará el pulso para enfrentar el crimen organizado», declaró, subrayando que es inaceptable que el narcotráfico encuentre grietas en el sistema democrático del país.
La nueva mandataria, admiradora del presidente salvadoreño Nayib Bukele, anunció que pronto inaugurará una megacárcel inspirada en el modelo de El Salvador, diseñado para albergar a pandilleros y narcotraficantes. Sin embargo, Fernández también criticó al poder judicial, al que acusó de liberar a delincuentes peligrosos: «Pero eso no servirá de nada si los jueces siguen soltando a los delincuentes peligrosos», afirmó, en línea con las críticas de su antecesor, Rodrigo Chaves.
Reformas penales y judiciales: «Ya no más alcahueterías»
Fernández anunció reformas legales para endurecer las penas y garantizar que el año carcelario sea de 12 meses (en lugar de los 8 actuales). «Ya no más alcahueterías», subrayó, en un mensaje dirigido a un sistema judicial que, según su gobierno, ha sido demasiado laxo con el crimen organizado.
La presidenta heredó la mayoría del gabinete de Chaves, quien ejercerá como una suerte de «superministro» o «primer ministro», controlando la agenda política y económica del llamado «gobierno de continuidad». Con 31 de los 57 diputados a su favor, Fernández tendrá una mayoría conveniente para impulsar sus reformas, especialmente en el poder judicial, al que considera el principal obstáculo para combatir la inseguridad.
El modelo Bukele: ¿Hegemonía o democracia en riesgo?
La admiración de Fernández por Nayib Bukele ha generado preocupación entre analistas y opositores, quienes ven en su gobierno un intento de replicar el modelo autoritario del mandatario salvadoreño. Bukele ha sido criticado por grupos de derechos humanos por su guerra contra las pandillas, que ha incluido detenciones masivas sin debido proceso y la construcción de megacárceles.
Fernández rechazó estas comparaciones y aseguró que su gobierno respetará los derechos humanos y la división de poderes: «Vamos a revisar nuestra institucionalidad. Eso no significará nunca atentar contra la división de poderes, nunca lo haría», declaró. Sin embargo, expertos como el politólogo argentino Daniel Zovatto advierten sobre el riesgo de una «diarquía» (gobierno compartido entre Fernández y Chaves) y una concentración de poder en un expresidente con «tentaciones autoritarias».
Constantino Urcuyo, doctor en sociología política de La Sorbona, considera que el «modelo Bukele no tiene cabida en Costa Rica», a pesar del giro a la derecha y los rasgos de autoritarismo del gobierno saliente.
Chaves: El «superministro» con inmunidad y poder
Rodrigo Chaves, de 64 años, seguirá siendo una figura clave en el gobierno de Fernández. Como ministro de la Presidencia y de Hacienda, mantendrá inmunidad frente a las investigaciones por corrupción y por presuntamente haber hecho campaña a favor de Fernández, algo que la ley le prohibía.
Chaves, conocido por su estilo sarcástico y confrontativo, es popular entre sus seguidores, pero su influencia en el gobierno de Fernández ha generado críticas por parte de la oposición, que ve en esta alianza un intento de perpetuar el poder más allá de los límites constitucionales.
El giro a la derecha: Aliados de Trump y políticas controvertidas
Fernández, aliada de Donald Trump al igual que Chaves, afianza el giro a la derecha en Costa Rica, siguiendo los recientes triunfos electorales de la derecha en Chile, Bolivia y Honduras. Su gobierno ya ha tomado medidas controvertidas, como:
- Cierre de la embajada en La Habana y expulsión de diplomáticos cubanos.
- Aceptación de 100 deportados mensuales desde Estados Unidos.
- Adhesión al «Escudo de las Américas», una alianza antidrogas continental liderada por la gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem.
En la ceremonia de investidura, asistieron figuras como el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau, la gobernadora Kristi Noem, el rey Felipe VI de España y los presidentes de Israel, Chile, Panamá, Honduras, Guatemala y República Dominicana. Nayib Bukele, sin embargo, no asistió.
Críticas a la libertad de prensa y derechos humanos
El gobierno de Chaves ha sido criticado por oenegés de derechos humanos por:
- Retrocesos en libertad de prensa: Washington ha retirado visas a críticos del gobierno y a directivos del periódico La Nación, al que Chaves ha llamado «prensa canalla».
- Retrocesos en derechos sexuales: Organizaciones humanitarias han denunciado un retroceso en políticas de igualdad de género y derechos LGBTQ+.
El perfil de Fernández: De hija de agricultores a presidenta
Hija de agricultores, católica y madre de una niña pequeña, Fernández se define como «liberal en lo económico y conservadora en lo social». A pesar de ser la segunda mujer en gobernar Costa Rica, ha optado por llamarse «presidente», sin el «a», en un gesto que refleja su estilo directo y sin concesiones.
Aunque la pobreza en Costa Rica bajó del 23% al 15% en cuatro años, el país sigue siendo el sexto más desigual de Latinoamérica y el segundo de la OCDE donde los empleados trabajan más horas (tras México), pero ganan menos.
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