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Detrás del anuncio de que Estados Unidos no atacará a Irán antes del 3 de noviembre se esconde una confesión inusual de Donald Trump: no está seguro de querer cerrar un acuerdo. «Creo que el acuerdo no es realmente algo que yo quiera hacer, pero ellos están dispuestos a ofrecernos cualquier cosa para que pare», aseveró el mandatario durante un mitin de campaña en San Antonio, Texas, revelando los sentimientos encontrados que lo acompañan en este tramo de la guerra de siete meses contra la República Islámica.

La lógica de esa ambivalencia es, ante todo, de negociación. Trump cree que Estados Unidos está ganando influencia: sus fuerzas están teniendo cada vez más éxito en ayudar a los petroleros a atravesar el estrecho de Ormuz y llevar al mercado el petróleo de los países árabes, mientras un bloqueo de la Marina paraliza las exportaciones de petróleo de Irán. En su lectura, la presión militar le da cartas sobre la mesa que un acuerdo temprano desperdiciaría.

Ese optimismo tiene respaldo operativo. El Comando Central de Estados Unidos escolta a los petroleros a través del estrecho durante la noche, con sus sistemas de localización apagados, en convoyes protegidos por helicópteros, cazas y drones de superficie. Con la ayuda de oleoductos que evitan el estrecho, los países del Golfo Pérsico han logrado exportar petróleo a niveles casi anteriores a la guerra, y según cifras militares, más de mil millones de barriles de crudo han cruzado la vía en los últimos meses bajo protección estadounidense.

Pero el tablero también tiene fisuras. Irán ha intensificado los ataques contra petroleros en los últimos días —la televisora estatal IRIB reportó el jueves poderosas explosiones en el paso sur del estrecho, posiblemente por minas navales—, y el tráfico marítimo en general sigue muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra, al igual que los envíos de gas natural licuado y productos combustibles. Los operadores dispuestos a arriesgarse a cruzar bajo protección militar cobran en algunos casos tarifas de un millón de dólares al día o más, según analistas del transporte marítimo.

Mientras tanto, la diplomacia avanza a ritmo lento. Irán recibió una contrapropuesta estadounidense y su canciller, Abbas Araghchi, anticipó una respuesta formal «en cuestión de días», con el enviado especial Steve Witkoff como canal indirecto. El propio Trump dijo a un mitin que EE.UU. «no permitirá que Irán ataque Los Ángeles o San Diego», en medio del reclamo de las comunidades navales californianas. El escenario queda así: tregua electoral declarada, negociación activa y la amenaza de escalada posvotación intacta.

#Trump #Negociación #Ormuz #Irán #Geopolítica

La entrada caduca en 9:40pm el sábado, 10 abril 2027

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