Tras siete jornadas de reuniones frenéticas en Bangkok, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial clausuraron sus asambleas anuales con un diagnóstico agridulce sobre la economía global: resiliencia inesperada y promesas tecnológicas, sí, pero también deudas que asfixian a los más vulnerables, inflación persistente y guerras que encarecen la energía.
La cifra que alarmó a Bangkok
La advertencia más contundente vino de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva: el servicio de la deuda ya absorbe en promedio el 14% de los ingresos públicos de los países de renta baja, prácticamente el doble del 8% registrado hace apenas unos años. Ese porcentaje representa recursos que dejan de destinarse a educación, salud e infraestructura para cumplir compromisos financieros.
La titular del FMI fue más allá y asumió la responsabilidad de su institución: «Tenemos la responsabilidad de ayudar a estas naciones a reestructurar su deuda si lo necesitan», afirmó, instando además a movilizar recursos internos, atraer financiamiento internacional y generar condiciones para la inversión privada. El organismo también pidió a sus miembros reabastecer el Fondo Fiduciario para la Contención y el Alivio de Catástrofes, que otorga alivio a los países más pobres y vulnerables.
La inteligencia artificial: bendición con advertencia
La IA fue la gran protagonista del encuentro en sus dos caras. Por un lado, el FMI estima que la inversión en inteligencia artificial sostiene el crecimiento mundial de 2026, proyectado en 3.1% (con avance al 3.4% en 2027), amortiguando el impacto de la guerra en Oriente Medio sobre los precios energéticos. Por otro, Georgieva alertó que depender de un único motor de crecimiento equivale a «pararse en una sola pierna».
El riesgo central es la divergencia: los beneficios de la tecnología podrían concentrarse en las naciones con mayor potencia de cálculo, electricidad y recursos humanos, mientras los países con menor infraestructura digital quedan atrás — aunque los analistas recuerdan que estas economías sí pueden aprovechar aplicaciones móviles de IA en salud, educación y agricultura. Georgieva, por cierto, se mostró «impresionada» por el espíritu de cooperación observado en Bangkok entre las empresas desarrolladoras de IA y los gobiernos.
Guerras, petróleo e inflación: la tormenta perfecta
Los conflictos internacionales —en particular la guerra que ha disparado los precios de la energía desde el Golfo— coparon buena parte de las discusiones. El encarecimiento de combustibles y transporte presiona los precios de numerosos productos, golpeando con especial dureza a los países importadores de petróleo, precisamente los que menos participan del auge tecnológico.
La frase de Georgieva quedará como resumen del encuentro: «La inflación es como un impuesto a los pobres». El FMI proyecta una inflación mundial del 4.7% en 2026, mientras los bancos centrales podrían verse obligados a nuevas subidas de tasas. A esto se suma una novedad preocupante en el otro extremo del espectro: el rendimiento medio de los bonos soberanos a diez años del G7 subió más de un punto porcentual entre febrero y septiembre, hasta su mayor nivel en casi dos décadas, lo que endurece las condiciones financieras también para los países ricos.
Un cierre que mira a Emiratos Árabes Unidos
La clausura incluyó la firma del acuerdo para celebrar las reuniones de 2029 en Emiratos Árabes Unidos, con Georgieva y el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, encabezando la ceremonia. En el balance final, la búlgara celebró que «en un mundo de constantes conmociones y fragmentación geopolítica, aún existe el deseo de diálogo y cooperación multilaterales».
La lección de Bangkok
Las reuniones dejaron claro que el crecimiento económico no depende solamente de producir más, sino de garantizar que las oportunidades lleguen a una mayor parte de la población. Con la economía mundial resistiendo mejor de lo previsto —como reconoció el presidente de la Fed, Kevin Warsh, sorprendido por una resiliencia «que no estaba prevista hace cinco o seis meses»—, el desafío ahora es evitar que la deuda, la inflación y la brecha tecnológica partan el planeta en dos velocidades.
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