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La NASA ha revelado el descubrimiento de un cráter de impacto gigante en la Luna, formado por una colisión masiva que ocurrió hace solo dos años. Este hallazgo, publicado en Science Advances el 16 de septiembre de 2026, es el cráter de nueva formación más grande conocido en el Sistema Solar, con 222 metros de ancho y 43 metros de profundidad. Este evento, que pasó completamente desapercibido en su momento, ofrece una oportunidad única para estudiar cómo las colisiones cósmicas afectan la superficie lunar.

Los científicos estiman que un evento de esta magnitud ocurre solo una vez cada 132 años, lo que convierte a este descubrimiento en un hito científico. El cráter fue detectado por el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) en mayo de 2024, tras el impacto de un fragmento de asteroide o cometa. Sin embargo, el impacto no fue detectado en tiempo real por los telescopios terrestres o espaciales. Las imágenes capturadas por el LRO se almacenaron en su base de datos durante meses, y los científicos no las descubrieron hasta agosto de 2025, con la confirmación formal completada a principios de 2026.

El cráter ha sido nombrado en honor a Thomas McGetchin, exdirector del Instituto Lunar y Planetario de Houston. Con 222 metros de ancho, es tres veces más grande que el récord anterior de un cráter de reciente formación. La colisión que lo creó alteró el material en un área de más de 106 km, proporcionando datos valiosos sobre cómo el material lunar reacciona a impactos de alta velocidad.

Mark Robinson, científico principal del sistema de cámaras del LRO, explicó que el material de polvo y rocas lunares fue expulsado con un ángulo inesperado, lo que ayuda a los científicos a entender mejor cómo estos eventos remodelan la superficie lunar. Además, se descubrió una zona fría de 6.4 km de diámetro alrededor del cráter, lo que coincide con el fenómeno de alteración del suelo lunar tras el impacto.

David Paige, coautor del estudio en la UCLA, comparó este proceso con la jardinería: «Las colisiones son como una especie de ‘jardinería’ de los restos lunares; remueven los sedimentos y sacan a la superficie materiales que normalmente estarían debajo». Este descubrimiento también desmiente la idea de que las huellas de los astronautas del Apolo podrían permanecer permanentemente en la Luna, ya que la superficie lunar se altera constantemente por pequeñas colisiones.

El valor de este hallazgo va más allá de añadir un nuevo cráter al mapa lunar: tiene implicaciones directas para los planes de la NASA de construir una base permanente en la Luna. El equipo de investigación ahora busca determinar si los escombros de nuevos cráteres podrían afectar la zona donde se planea construir la base. «Esa información ayudará a los ingenieros a reforzar las estructuras para minimizar los riesgos», dijo Robinson.

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