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Una nueva andanada de proyectiles cruzó este sábado los cielos de la península arábiga con destino a la capital saudí. Las defensas antiaéreas de Arabia Saudita interceptaron dos drones hutíes que volaban hacia la región de Riad y, casi simultáneamente, destruyeron dos misiles balísticos dirigidos contra Khamis Mushait, la ciudad del suroeste del reino que sirve de sede a una base aérea. El rápido despliegue defensivo evitó pérdidas humanas y daños en infraestructuras civiles y petroleras.

La ofensiva forma parte de la estrategia de desgaste que los rebeldes yemeníes despliegan desde julio, cuando una tregua de años se derrumbó y el conflicto se fusionó con la guerra regional que enfrenta a Irán con sus rivales. Los hutíes controlan la capital yemení, Saná, y buena parte de la costa del mar Rojo, desde donde han impuesto un bloqueo naval de facto contra Arabia Saudita: atacan petroleros, han golpeado instalaciones de Aramco en Yanbu y hasta han volado drones sobre La Meca, según reportes de la coalición.

El mensaje de los insurgentes es deliberadamente provocador. «A pesar de la fuerza, el alcance y el impacto de la operación, nuestras fuerzas armadas la consideran simplemente un ensayo a pequeña escala para una escalada de mayor envergadura», escribió Hezam al-Assad, miembro del buró político hutí, en la red social X. El ataque a Riad —a unos 850 kilómetros de los territorios controlados por el grupo— tiene además un claro significado simbólico: demostrar que la milicia chií aliada de Teherán puede alcanzar el corazón del poder del reino suní.

La comunidad internacional reaccionó con condenas casi unánimes. El Consejo de Seguridad de la ONU exigió el cese inmediato de la escalada militar, señalando que los ataques han causado heridas a civiles, incluidas mujeres y niños. Por su parte, el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo habló de una amenaza directa a la estabilidad regional, mientras el jefe del Consejo Presidencial yemení, Rashad al-Alimi, llamó a una «movilización general» internacional y prometió amnistía a los hutíes que cambien de bando.

El trasfondo económico agrava cada episodio: cualquier interrupción en el flujo del crudo saudí provoca alzas abruptas en los mercados energéticos globales, y los hutíes ya consolidaron —con apoyo iraní— el control de las dos vías navegables de las que depende la región del Golfo para exportar hidrocarburos. Mientras los jefes militares de Arabia Saudita, Pakistán y Turquía se reunieron en Riad para coordinar la respuesta defensiva, la pregunta que inquieta a los analistas es cuánto resistirá el frágil equilibrio de la cuenca del Golfo.

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