jueves 5 de febrero de 2026 20:47 pm
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El Arroyo Gurabo, conocido durante décadas como el Hoyo de Bartola, un símbolo de marginación y contaminación en Santiago, está experimentando una transformación radical que no solo está cambiando el paisaje urbano, sino también la vida de más de 12,000 familias que durante años vivieron en condiciones de hacinamiento y pobreza extrema. El presidente Luis Abinader, durante su participación en La Semanal con la Prensa realizada en el mismo arroyo, presentó los avances de este proyecto de saneamiento y readecuación ambiental, que con una inversión superior a los RD$3,265 millones y un 80% de ejecución, se ha convertido en un modelo de intervención urbana sostenible en República Dominicana. «Este no es solo un proyecto de infraestructura, es una obra que devuelve la dignidad a miles de familias y recupera un espacio que durante años fue sinónimo de abandono y contaminación», declaró Abinader, mientras recorría el área junto a funcionarios y líderes comunitarios.

El proyecto, que abarca 19 comunidades a lo largo de 2.6 kilómetros de canal y más de 8 kilómetros de redes de saneamiento de aguas residuales, ha logrado resultados tangibles en muy poco tiempo. Entre los avances más significativos se encuentra la reducción del 25% en la contaminación que el Arroyo Gurabo vertía al río Yaque del Norte, uno de los afluentes más importantes del país. Además, se ha logrado una disminución del 80% en las inundaciones que históricamente afectaban a la zona, un problema que durante décadas dejó a miles de familias vulnerables ante las lluvias. «Antes, con una lluvia fuerte, el agua entraba a las casas y arrasaba con todo. Ahora, por fin, podemos dormir tranquilos», comentó Doña Carmen, una residente de 65 años que vivió toda su vida en la rivera del arroyo y que ahora forma parte de las 1,200 familias reubicadas en el proyecto habitacional Hato del Yaque, donde recibió una vivienda digna junto a su familia.

Pero el impacto del proyecto va mucho más allá de la infraestructura. Según explicó el presidente Abinader, la intervención ha permitido eliminar cerca de 30 puntos de venta de drogas que operaban en la zona, reduciendo significativamente los índices de violencia y delincuencia. Además, se ha observado un aumento en la asistencia escolar entre los niños y jóvenes de la comunidad, gracias a la creación de espacios públicos seguros, parques lineales y un parque ecológico urbano que ahora sirven como áreas de recreación y convivencia. «Antes, los niños no tenían donde jugar; ahora tienen parques y áreas verdes donde pueden crecer sanos», señaló Wellington Arnaud, director del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), quien describió este proyecto como «la obra de mayor impacto social y ambiental realizada en el país en las últimas décadas».

Para garantizar la sostenibilidad del proyecto, el Gobierno ha creado un organismo de gestión integrado por instituciones públicas, el sector privado, juntas de vecinos y el sector académico. Este organismo no solo supervisará el mantenimiento de la obra, sino que también velará por su replicabilidad en otras zonas del país que enfrentan problemas similares. «No queremos que esto sea un proyecto aislado. Queremos que sea un modelo que se pueda aplicar en otros lugares, como el Arroyo Manoguayabo o el Ozama», explicó Abinader, quien también anunció que el Gobierno destinará fondos anuales específicos para consolidar esta iniciativa como un referente de desarrollo urbano sostenible, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. «Esto no es solo una obra, es un legado para las futuras generaciones», afirmó el mandatario, mientras destacaba que el proyecto también incluye la instalación de redes de agua potable, alcantarillado sanitario, electricidad y telecomunicaciones, servicios básicos que antes eran un lujo para miles de familias.

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