jueves 5 de febrero de 2026 22:41 pm
Buscar
El aroma de la verdad te despertará cada mañana!
PATROCINADOR OFICIAL

En la República Dominicana, alzar la voz sigue teniendo un precio. El caso del médico Wazar Gómez vuelve a encender las alarmas sobre el uso de acusaciones fabricadas como mecanismo para silenciar la protesta social y proteger prácticas abusivas que afectan diariamente a ciudadanos indefensos.

En los últimos días, el doctor ha sido señalado bajo una versión que afirma que supuestamente le quitó un celular a una joven y lo rompió. Sin embargo, esta acusación —difusa, sin pruebas claras y contradictoria— surge justo en el momento en que el médico intensificó sus denuncias públicas contra los abusos policiales, especialmente la incautación arbitraria de motores y vehículos sin justificación legal.

Una excusa conveniente

No es coincidencia que esta denuncia aparezca ahora. Durante semanas, el doctor ha protestado de forma pacífica señalando una práctica ampliamente conocida en barrios y comunidades:

  • Retención de motores sin actas claras
  • Vehículos confiscados sin orden ni causa
  • Ciudadanos humillados, intimidados y forzados a “resolver”

Cuando una voz insiste, incomoda. Y cuando incomoda, se convierte en objetivo.

La narrativa del “celular roto” parece más una coartada fabricada que un hecho real. Una excusa útil para justificar una detención, desacreditar al denunciante y desviar la atención del problema de fondo: el abuso de poder.

Criminalizar al denunciante

El patrón es conocido: no se investiga la denuncia, se ataca al denunciante.
En lugar de responder a las acusaciones sobre atropellos policiales, se intenta construir la imagen de un “conflictivo”, un “problemático”, alguien a quien hay que detener “por algo”.

Pero la pregunta clave sigue sin respuesta:
👉 ¿Dónde están las pruebas reales de la acusación?
👉 ¿Por qué no se investiga con el mismo rigor el abuso que él denuncia?

Protestar no es delito

El derecho a protestar está protegido por la Constitución. Caminar con un cartel, denunciar injusticias o exigir explicaciones no convierte a nadie en criminal. Lo que sí debería preocupar como sociedad es que se utilicen acusaciones débiles o falsas para justificar detenciones y enviar un mensaje de miedo: “No denuncies, o te puede pasar lo mismo”.

El verdadero trasfondo

Este no es un caso aislado ni personal. Es un reflejo de algo más profundo:

  • Una cultura de impunidad
  • El uso del poder para intimidar
  • El silencio impuesto por la fuerza

Hoy es un médico. Mañana puede ser cualquier ciudadano que cuestione, grabe o pregunte.

Conclusión

La acusación contra el doctor no resiste un análisis serio. Todo apunta a que se trata de una maniobra para frenar una voz incómoda, no de una búsqueda genuina de justicia.
Si permitimos que protestar se castigue con montajes y excusas, el problema no será de un solo hombre, sino de todos.

Porque cuando denunciar abusos se vuelve motivo de arresto, la injusticia deja de ser un error y se convierte en sistema.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *