Un avance médico sin precedentes está transformando la vida de pacientes con atrofia geográfica (AG), una forma avanzada de degeneración macular seca relacionada con la edad (DMAE). Un microchip fotovoltaico implantado en la retina, desarrollado por la empresa californiana Pixium Vision, ha permitido a personas como Sheila Irvine, de 70 años, volver a leer, hacer crucigramas e incluso disfrutar de libros tras décadas de ceguera.
El dispositivo, llamado Prima, consiste en un microchip de solo 2 mm cuadrados —del grosor de un cabello humano— que se implanta debajo de la retina. Este se combina con gafas equipadas con una cámara de vídeo que envía imágenes en tiempo real al implante mediante un haz infrarrojo. Las señales son procesadas y transmitidas al cerebro a través del nervio óptico, restaurando parcialmente la visión central en pacientes que, como Sheila, habían perdido por completo esta capacidad.
Sheila, quien padece AG desde hace más de 30 años, describió la experiencia como «algo de otro mundo». Antes del implante, su visión era tan limitada que solo percibía «dos discos negros» en lugar de imágenes. Hoy, puede leer 25 letras más en una tabla optométrica y realizar actividades como crucigramas y Sudoku, algo que nunca imaginó posible. «¡Ni en sueños!», exclamó al recordar su reacción al recuperar la lectura.
El ensayo clínico, publicado en el New England Journal of Medicine, involucró a 38 pacientes en cinco países europeos. De los 32 que recibieron el implante, 27 lograron leer utilizando su visión central. «Es un avance histórico», afirmó Mahi Muqit, cirujano oftalmólogo del Moorfields Eye Hospital en Londres, quien lideró la investigación en el Reino Unido. «Es el primer implante que devuelve una visión funcional para actividades cotidianas, como leer o escribir», destacó.
Aunque el dispositivo aún no está aprobado para uso comercial, los resultados son prometedores. Muqit espera que esté disponible para pacientes del Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido en «unos pocos años». Mientras tanto, Sheila y otros participantes continúan adaptándose a la tecnología, que requiere meses de entrenamiento para interpretar las imágenes generadas por el implante.
Este avance no solo revoluciona el tratamiento de la ceguera, sino que también abre puertas a futuras innovaciones en neuroprótesis visuales, ofreciendo esperanza a cientos de miles de personas con DMAE avanzada en todo el mundo.
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