Mientras figuras como Liz Parrish o David Sinclair invierten en terapias experimentales, la ciencia demuestra que cualquier persona puede influir en su envejecimiento con cambios accesibles. Investigadores como Julio Basulto (nutricionista) y Antonio Garrido Tarrío (neuroinmunólogo) destacan que el envejecimiento saludable depende más de hábitos cotidianos que de tratamientos costosos.
Estrategias comprobadas para una vida larga y saludable
- Dieta equilibrada: Evitar ultraprocesados y priorizar alimentos frescos y naturales.
- Ejercicio regular: Caminar, nadar o practicar yoga mejora la salud cardiovascular y cognitiva.
- Conexiones sociales: Tener vínculos afectivos reduce el riesgo de demencia y enfermedades crónicas.
- Sueño reparador: Dormir 7-8 horas diarias ayuda a regenerar células y reducir el estrés.
- Actitud positiva: La resiliencia (capacidad de adaptarse a adversidades) está ligada a una mayor longevidad, según Frontiers in Aging.
La edad biológica vs. la cronológica
La edad biológica (la de nuestras células) puede ser menor que la cronológica si adoptamos hábitos saludables. Pruebas como los relojes de metilación del ADN miden este impacto, aunque no son necesarias para empezar a actuar: «Cualquiera puede modificar su velocidad de envejecimiento con estilo de vida», afirma Garrido Tarrío.
El papel del entorno
No basta con decisiones individuales. Irene Martínez de Toda Cabeza subraya la necesidad de políticas públicas que garanticen:
- Alimentación accesible y de calidad.
- Espacios verdes y seguros para la actividad física.
- Programas comunitarios que fomenten la participación social.
Mitigar el estrés y la soledad
El aislamiento social y el estrés crónico son tan dañinos como el tabaquismo. Soluciones simples, como caminar en grupo o participar en talleres, pueden mejorar la salud mental y física.
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