viernes 6 de febrero de 2026 06:16 am
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Bajo el sol abrasador de Punta Cana, con las palmeras meciéndose suavemente al ritmo del viento caribeño, el presidente Luis Abinader subió al escenario del World Governments Summit-LAC Dialogue no solo como anfitrión, sino como portavoz de una visión audaz: convertir a República Dominicana en el puente estratégico que conecte América Latina, el Caribe y el Medio Oriente. «No somos solo un destino turístico, somos un actor global con la capacidad de facilitar diálogos, comercio y cooperación entre continentes», declaró con firmeza frente a una audiencia compuesta por ministros, empresarios y líderes internacionales. Su discurso, más que una simple intervención protocolar, marcó un punto de inflexión en la proyección internacional del país, presentando a la nación caribeña no como un mero receptor de inversiones, sino como un socio estratégico en la reconfiguración de las cadenas de suministro globales.

Abinader no se limitó a enumerar logros, sino que trazó una hoja de ruta clara para consolidar este nuevo rol. Destacó cómo la estabilidad política, la solidez democrática y la ubicación geográfica privilegiada de República Dominicana —en el corazón del Caribe, con acceso directo a los principales mercados— la convierten en un hub logístico ideal para el comercio regional y mundial. «Tenemos ocho aeropuertos internacionales, más de 182 vuelos diarios a 170 destinos, y puertos como el Multimodal Caucedo, operado por DP World, que son reconocidos por su eficiencia a nivel global», enumeró, mientras proyectaba imágenes de la moderna infraestructura portuaria que ha posicionado al país como un referente en nearshoring. Pero más allá de los números, lo que realmente captó la atención de los asistentes fue su énfasis en que esta ventaja competitiva no es casual, sino el resultado de políticas públicas consistentes y de una visión de largo plazo que ha permitido al país superar crisis globales, desde la pandemia hasta las tensiones geopolíticas actuales.

El momento más aplaudido de su intervención llegó cuando Abinader contrastó el modelo democrático dominicano con los regímenes autoritarios que, según él, «debilitan las instituciones y ahuyentan las inversiones». «La democracia no es solo un valor moral, es un activo económico», afirmó, mientras señalaba cómo la confianza internacional en República Dominicana ha permitido atraer inversiones récord, como los USD 760 millones que DP World destinará a la expansión del puerto de Caucedo y su parque de zonas francas. «Esta inversión no es solo un voto de confianza en nuestro gobierno, es un reconocimiento a la estabilidad y previsibilidad que ofrece nuestro sistema», subrayó, generando murmullos de aprobación entre los empresarios presentes. Su mensaje fue claro: en un mundo donde la incertidumbre es la norma, República Dominicana ofrece certidumbre, y eso tiene un valor incalculable.

Pero Abinader no se quedó en lo económico. También abordó el papel geopolítico que el país puede desempeñar como puente cultural y diplomático entre América Latina y el Medio Oriente. «Tenemos la oportunidad de ser un facilitador de diálogos, un espacio donde Occidente y Oriente puedan encontrar puntos de encuentro», propuso, recordando los lazos históricos entre República Dominicana y los países árabes, así como la creciente comunidad de negocios y migración entre ambas regiones. Esta visión fue especialmente bien recibida por la delegación de los Emiratos Árabes Unidos, encabezada por la ministra de Estado Noura Bint Mohammed Alkaabi, quien destacó cómo la elección de Punta Cana como sede del encuentro refleja «la confianza en la capacidad de República Dominicana para albergar diálogos de alto nivel».

El cierre de su intervención fue un llamado a la integración regional, un tema que resonó profundamente entre los líderes latinoamericanos presentes. «América Latina y el Caribe tienen el talento, los recursos y la creatividad para ser protagonistas en el escenario global, pero debemos dejar atrás las divisiones y trabajar unidos», exhortó, mientras proyectaba imágenes de proyectos de cooperación entre países de la región. Su discurso no solo fue una defensa de las políticas de su gobierno, sino una declaración de intenciones: República Dominicana no solo quiere ser parte de la conversación global, sino liderarla desde el Caribe.

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