El presidente Luis Abinader volvió a extender una invitación formal al exmandatario Donald Trump para participar en la X Cumbre de las Américas, que se realizará en República Dominicana en 2026. La confirmación, dada a conocer el 26 de septiembre de 2025, reafirma la postura del gobierno dominicano de promover un diálogo inclusivo en el hemisferio, incluso con figuras que generan divisón. Este gesto diplomático llega en un momento en que la región enfrenta profundas diferencias ideológicas, desde la gestión migratoria hasta las políticas comerciales.
La Cumbre de las Américas, un evento que reúne a líderes del continente cada tres años, ha sido históricamente un termómetro de las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica. En ediciones anteriores, la ausencia de algunos países o la exclusión de actores clave generaron crisis diplomáticas, como ocurrió en 2022 cuando Cuba, Nicaragua y Venezuela quedaron fuera de la reunión en Los Ángeles. Abinader, sin embargo, ha dejado claro que su administración no repetirá ese error: «Todos los líderes con influencia en la región deben tener un espacio para expresar sus posturas», declaró en un comunicado oficial.
Analistas políticos señalan que la posible presencia de Trump podría convertir el evento en un escenario de alto voltaje. Durante su presidencia (2017-2021), el republicano implementó medidas controvertidas como la separación de familias migrantes en la frontera y la imposición de aranceles a productos latinoamericanos. Su retorno al debate hemisférico, aunque aún no confirmado, ya despierta expectativas y recelos. Mientras algunos ven en su participación una oportunidad para discutir temas pendientes, otros temen que su retórica polarizante eclipse los avances en materia de cooperación regional.
Para República Dominicana, organizar esta cumbre representa no solo un desafío logístico, sino también una oportunidad para posicionarse como un puente entre las potencias del norte y los gobiernos progresistas del sur. El país caribeño, cuya economía depende en gran medida del turismo y las remesas desde EE.UU., tiene un interés estratégico en mantener canales abiertos con Washington, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca. La invitación a Trump, por tanto, podría interpretarse como un movimiento calculado para asegurar la participación estadounidense en los acuerdos que se negocien.
El anuncio de Abinader también ha reavivado el debate sobre el papel de las cumbres en la era pospandemia. Con crisis globales como el cambio climático y la inflación afectando a todos los países, la pregunta es si el formato tradicional de estos encuentros sigue siendo efectivo. Mientras tanto, la sociedad civil dominicana ya exige transparencia en la agenda y garantías de que el evento no se convierta en un simple espectáculo mediático. La respuesta de Trump —y su eventual asistencia— definirán en gran medida el tono de lo que podría ser una de las cumbres más seguidas de la última década.