El reloj corre para Hamás
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado un ultimátum sin precedentes al movimiento islamista Hamás: tiene solo «tres o cuatro días» para aceptar un plan de paz que podría poner fin a la devastadora guerra en Gaza. El anuncio, realizado tras una reunión con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, marca un punto de inflexión en un conflicto que ha dejado miles de muertos y una región al borde del colapso humanitario.
Un acuerdo con condiciones claras
El plan propuesto por Trump exige un alto el fuego inmediato, la liberación de todos los rehenes israelíes en un plazo de 72 horas, el desarme total de Hamás y la creación de una autoridad de transición en Gaza. Esta última estaría liderada por una junta internacional, con la participación directa del propio Trump y del ex primer ministro británico Tony Blair. Además, Israel se comprometería a retirar gradualmente sus tropas de la Franja, aunque mantendría una presencia militar en zonas clave.
Reacciones divididas en la región
Mientras países árabes como Egipto, Catar y Arabia Saudita han elogiado los «esfuerzos sinceros» por alcanzar la paz, en Gaza el escepticismo es palpable. Muchos palestinos ven el plan como una imposición que beneficia principalmente a Israel, especialmente porque excluye a Hamás de cualquier futuro gobierno en el territorio. «No es realista», declaró un residente de Gaza, reflejando el sentimiento generalizado entre la población civil.
El riesgo de una escalada
Trump advirtió que, si Hamás rechaza el acuerdo, el grupo enfrentará consecuencias «catastróficas». Netanyahu, por su parte, dejó claro que Israel está preparado para reanudar su ofensiva con «todo el apoyo» de Washington. La presión sobre Hamás es máxima, pero el grupo islamista, que ha resistido dos años de guerra, podría considerar el ultimátum como una trampa diplomática.
¿Qué sigue si Hamás dice no?
Si el grupo rechaza el plan, Israel tiene luz verde para intensificar sus operaciones militares, lo que podría llevar a una nueva ola de violencia. Mientras tanto, los bombardeos israelíes continúan en Gaza, y la comunidad internacional observa con preocupación el posible colapso de las negociaciones. La pelota está ahora en el tejado de Hamás, pero el costo de su decisión podría ser pagado, una vez más, por los civiles palestinos.
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