En un movimiento que refuerza su posición en el este de Ucrania, las fuerzas rusas han logrado tomar el control de Krasnogórskoye y Sadóvoye, dos localidades que habían estado bajo el dominio ucraniano. El Ministerio de Defensa ruso atribuyó el éxito de estas operaciones a una combinación de tácticas de cerco y el uso de artillería de largo alcance, que ha permitido a sus tropas avanzar con menos bajas en comparación con ofensivas anteriores. Este enfoque ha sido clave para mantener el impulso en una guerra que ya entra en su cuarto año y donde ambos bandos enfrentan desafíos logísticos y humanos.
Además de la liberación de estas localidades, Rusia llevó a cabo una serie de ataques contra infraestructuras críticas ucranianas, incluyendo fábricas de armas y aeródromos militares. Estos bombardeos, que utilizaron misiles de alta precisión y drones, tienen como objetivo debilitar la capacidad de Ucrania para sostener su esfuerzo bélico. Según analistas militares, esta estrategia busca no solo ganar territorio, sino también erosionar la moral y la logística del enemigo, lo que podría forzar a Kiev a negociar en términos más favorables para Moscú.
El avance ruso se produce en un momento en que Ucrania enfrenta una creciente escasez de municiones y equipos, lo que ha limitado su capacidad para lanzar contraofensivas efectivas. Aunque Occidente ha prometido continuar su apoyo, la entrega de armas y ayuda ha sido más lenta de lo esperado, lo que ha dejado a las fuerzas ucranianas en una posición vulnerable. Mientras tanto, Rusia parece estar aprovechando esta ventana de oportunidad para consolidar sus ganancias territoriales antes de que Ucrania pueda recibir nuevos envíos de armamento.