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¿Por qué algunas economías crecen y otras no?

El Premio Nobel de Economía 2024 ha puesto el foco en una pregunta fundamental: ¿qué determina que algunas sociedades logren un crecimiento sostenido mientras otras quedan atrapadas en el subdesarrollo? Las respuestas de Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt apuntan a una combinación de ciencia aplicada, cultura innovadora y destrucción creativa. Sus investigaciones no solo explican el pasado, sino que ofrecen guías para el futuro.

Mokyr y el poder de las ideas

Joel Mokyr, considerado uno de los mayores expertos en historia económica, ha demostrado que el progreso técnico no es un fenómeno aleatorio, sino el resultado de un proceso acumulativo en el que el conocimiento se transforma en innovaciones prácticas. Un ejemplo paradigmático es la Revolución Industrial, donde la convergencia de avances científicos, emprendedores audaces y un marco institucional favorable permitió un salto cualitativo en la productividad. Mokyr destaca que, antes del siglo XVIII, los avances tecnológicos eran esporádicos y locales, como la invención de la rueda o la pólvora, pero carecían de un sistema que los perfeccionara y difundiera.

La Revolución Industrial: Un modelo de éxito

Gran Bretaña en el siglo XVIII reunió las condiciones ideales: una clase media emprendedora, acceso a recursos como el carbón, y una cultura que valoraba la experimentación. Esto permitió que innovaciones como el motor a vapor de James Watt o los telares mecánicos se adoptaran masivamente, transformando la economía. Mokyr también señala cómo la Lex Mercatoria, un conjunto de normas comerciales surgidas de la práctica, facilitó el comercio internacional sin necesidad de una autoridad central. Este sistema, aún vigente, muestra cómo las instituciones pueden emerger de manera orgánica y eficiente.

El rol de la cultura en el desarrollo

Mokyr insiste en que la cultura es un factor decisivo. Sociedades que ven el cambio como una amenaza tienden a estancarse, mientras que aquellas que lo abrazan prosperan. Este punto conecta con los trabajos de Deirdre McCloskey, quien argumenta que el cambio en las actitudes hacia el comercio y la innovación fue tan importante como los avances técnicos. Por ejemplo, en la Edad Media, muchos inventos fueron rechazados por considerarse «contra natura», frenando el progreso.

Aghion y Howitt: Innovar para no quedarse atrás

Los otros dos galardonados, Aghion y Howitt, han profundizado en el concepto de destrucción creativa, mostrando que el crecimiento económico implica la constante renovación de industrias y empleos. Un caso reciente es el de Kodak, que dominó el mercado de la fotografía analógica pero fracasó al no adaptarse a la era digital, mientras que empresas como Canon o Sony supieron reinventarse. Este proceso, aunque genera desempleo temporal, es necesario para el progreso a largo plazo.

El peligro de las regulaciones asfixiantes

Uno de los mayores riesgos para la innovación, según Aghion y Howitt, son las barreras regulatorias que protegen a las empresas establecidas. Por ejemplo, en muchos países, las licencias excesivas para abrir negocios o las leyes laborales rígidas desincentivan el emprendimiento. Mokyr añade que, históricamente, las sociedades que han impuesto restricciones al comercio o la migración de ideas han pagado un alto precio en términos de desarrollo.

El Estado: ¿Aliado o enemigo de la innovación?

Los Nobel de este año coinciden en que el Estado debe facilitar, no obstaculizar, la innovación. Políticas como la inversión en I+D o la educación técnica son clave, pero también lo es evitar el clientelismo y la corrupción, que distorsionan la competencia. Un ejemplo positivo es Corea del Sur, que en pocas décadas pasó de ser un país pobre a una potencia tecnológica gracias a políticas que fomentaron la educación y la apertura al comercio.

El desafío de América Latina

En América Latina, donde la productividad ha crecido poco en las últimas décadas, las ideas de los Nobel son especialmente pertinentes. Mokyr sugiere que la región necesita fortalecer sus instituciones y fomentar una cultura que valore la innovación. Aghion y Howitt, por su parte, recomiendan simplificar regulaciones y reducir las barreras a la entrada de nuevas empresas. Países como Chile o Costa Rica, que han avanzado en estas áreas, muestran que el cambio es posible.

Hacia una economía más dinámica

La principal enseñanza de los premiados es que el crecimiento requiere libertad para innovar, pero también instituciones que protejan esa libertad. En un mundo globalizado, donde la competencia es feroz, las economías que no adopten estas lecciones riesgo quedarse atrás. La pregunta es: ¿Cómo aplicar estas ideas en contextos con desigualdad y resistencia al cambio?


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