El Wrigley Field vibró como no lo hacía desde los días de Sammy Sosa. Pete Crow-Armstrong, de solo 23 años, escribió su nombre en los libros de historia de los Chicago Cubs al convertirse en el primer jugador del equipo en lograr 30 jonrones, 30 dobles y 30 bases robadas en una misma temporada, un hito que solo había alcanzado Sosa en la franquicia (aunque él no llegó a las 30 bases robadas). Y lo hizo con estilo: un jonrón de dos carreras en la cuarta entrada, un moonshot de 119 metros que aterrizó en las gradas del jardín derecho-central, dando a los Cubs una ventaja de 3-0 que ya no soltarían.
Pero la fiesta no terminó ahí. Seiya Suzuki coronó una séptima entrada de siete carreras con su segundo grand slam de la temporada, un golpe que no solo selló la victoria por 12-1, sino que también lo convirtió en el tercer Cachorro con 30 jonrones esta campaña, junto a Crow-Armstrong y Michael Busch (quien conectó su jonrón 32, líder del equipo). Nico Hoerner también se unió a la fiesta con un jonrón solitario en la primera entrada, dejando claro que los Cubs no vinieron a jugar, sino a demoler.
El lanzamiento fue otro punto fuerte. Colin Rea (11-7) dominó con 5 2/3 entradas en blanco, permitiendo solo dos hits y ponchando a siete antes de que cuatro relevistas cerraran el juego con solo cinco hits totales para San Luis. Mientras, Miles Mikolas (8-11) sufrió en el montículo, permitiendo cuatro carreras en cinco entradas, incluyendo los jonrones de Hoerner y Crow-Armstrong.
Con esta victoria —solo su segunda en ocho juegos—, los Cubs reducieron su número mágico a 1 para asegurar la ventaja de localía en su serie de Wild Card contra los Padres de San Diego, que comienza el martes. Además, Kyle Tucker regresó de la lista de lesionados (pantorrilla izquierda) y aportó con dos sencillos y una base por bolas en cinco turnos al bate, demostrando que está listo para los playoffs.
El mensaje fue claro: los Cubs no solo están en los playoffs, llegaron para hacer ruido.
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