Por: Félix Jiménez Campusano, Periodista
Santo Domingo, D.N., R.D. – 01 de mayo del 2026
El reloj de la historia no se detiene, y la memoria del pueblo dominicano suele ser implacable con aquellos que prometieron un cambio y terminaron mimetizados con las prácticas del pasado. El presidente Luis Rodolfo Abinader Corona se encuentra hoy en una encrucijada determinante: o levanta un muro fuerte contra la corrupción administrativa, o permite que el peso de los escándalos hunda su legado bajo el plomo del descrédito histórico.
La inmensa cantidad de escándalos de corrupción surgidos en el gobierno del presidente Abinader exige la existencia de un muro firme para contrarrestar la continuidad de lo mismo. Estos casos, que hasta ahora en su gran mayoría avanzan por la ruta de la impunidad, al final del día pesarán como plomo sobre la imagen presidencial.
Por eso, el mandatario tiene que actuar con habilidad y detener a tiempo esa corriente tan fluida. Aún estamos a tiempo. Aunque el presidente no se encuentre involucrado directamente, el pueblo extenderá su deuda acusadora hacia su figura de manera inevitable.
El mapa del descalabro ético: los casos que sacuden la nación
Para muestra, basta mirar el espejo de estos casos como ejemplo del desvío de los fondos públicos y el abuso de poder:
• INTRANT: El fraude colosal de los semáforos con Transcore Latam y Hugo Beras, que comprometió la seguridad nacional por RD$1,200 millones.
• INABIE: Los sucesivos escándalos en las licitaciones del almuerzo escolar, donde se denunció la adjudicación a empresas “fantasma” vinculadas a funcionarios, afectando la alimentación de miles de niños.
• ITLA: Los ruidos administrativos y financieros que salpicaron al rector Rafael Féliz García, empañando la transparencia de una de las principales instituciones tecnológicas del Estado.
• SENASA y SISALRIL: Graves irregularidades en el manejo de fondos de salud y seguros, que obligaron a auditorías de emergencia ante el posible desvío de recursos destinados a la vida de los ciudadanos.
• Abusos en DIGESETT e INCABIDE: El uso del uniforme para el atropello ciudadano, multas “fantasma” y esquemas de extorsión que han convertido el tránsito en negocio de unos pocos.
• Cámara de Cuentas: La absoluta inoperancia de un órgano superior que, en lugar de auditar al gobierno, cayó en parálisis por conflictos internos y aumentos salariales injustificados.
• Contrataciones Públicas y Salud Pública: Irregularidades en la compra de insumos médicos y adjudicación de contratos directos violando la Ley 340-06.
• SNS y el escándalo de los RD$13,000 millones: Denuncias contra Mario Lama por un presunto esquema de servicios de diálisis a “pacientes fantasma”, golpeando el corazón del sistema hospitalario.
• OGTIC y el escándalo de los alquileres: El gasto de RD$1,440 millones en oficinas de lujo mientras hospitales carecen de insumos básicos, una burla a la austeridad prometida.
• PROMESE/CAL: Ruidos constantes en el suministro de medicamentos de baja calidad y falta de transparencia en los procesos de compra.
• Gabinete de Política Social y Supérate: Fraudes masivos con tarjetas de ayuda y cuestionamientos sobre la vulnerabilidad de fondos destinados a los más pobres.
El error de las sustituciones: transparencia vs. corrupción
Para salir bien parado, el presidente debe colocar hombres y mujeres aprobados por la sociedad, que hayan demostrado honestidad y compromiso. Ponemos como ejemplo al exministro Limber Cruz, quien habiendo tenido una gestión transparente y ejemplar, fue sustituido por Francisco Espaillat Bencosme, con quien de inmediato surgieron escándalos que apuntan directamente a su persona.
Este tipo de decisiones son las que socavan la confianza ciudadana. Presidente Abinader, el pueblo no olvida. El muro debe ser de justicia real, no de palabras. Si no hay consecuencias para estos nombres, el lodo de sus funcionarios terminará manchando su nombre para siempre.
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