El 30 de abril de 2026, llegará a los cines «El diablo viste de Prada 2», la esperada secuela de la icónica película de 2006. En esta nueva entrega, Meryl Streep y Anne Hathaway no solo retomarán sus papeles como Miranda Priestly y Andy Sachs, respectivamente, sino que también han impulsado un cambio significativo en la representación de la moda en el cine. Ambas actrices se aseguraron de que la película no incluyera modelos «esqueléticas», un problema que, según Streep, persiste en la industria de la moda a pesar de los avances en diversidad corporal de los últimos años.
El problema de los estándares de belleza en la moda
Durante el rodaje de la secuela, Meryl Streep y Anne Hathaway notaron que, a pesar de los avances en la inclusión de diferentes tipos de cuerpos en las pasarelas, muchas modelos seguían presentando figuras alarmantemente delgadas. Streep, quien asistió por primera vez a un desfile durante la Semana de la Moda de Milán como parte de la preparación para la película, expresó su sorpresa y preocupación:
«Me llamó la atención que las modelos no solo fueran guapas y jóvenes —a mí todo el mundo me parece joven—, sino también alarmantemente delgadas. Pensaba que ese tema ya se había resuelto hace años», declaró Streep.
Hathaway, por su parte, tomó cartas en el asunto y se acercó directamente a los productores para exigir un cambio. Según Streep, su compañera de reparto logró que se comprometieran a que las modelos del desfile que aparece en la película no tuvieran un aspecto «esquelético»:
«Anne fue directamente a hablar con los productores al respecto, ¡y consiguió que se comprometieran a que las modelos del desfile que estábamos preparando para nuestra película no estuvieran tan delgadas! Es una chica con carácter», afirmó Streep, destacando la determinación de Hathaway para promover una imagen más saludable y realista de la moda.
Un rodaje marcado por el éxito y los desafíos
La producción de «El diablo viste de Prada 2» contrastó con la de la primera película en varios aspectos. Mientras que en 2006 muchas marcas de moda se mostraron reacias a participar y prestar prendas para el filme, el éxito de la cinta original abrió las puertas a una colaboración sin precedentes. Streep y Hathaway incluso asistieron a desfiles reales durante la Semana de la Moda de Milán, una experiencia que, aunque enriquecedora, también les mostró las contradicciones de una industria que sigue promoviendo estándares de belleza irreales.
Sin embargo, el rodaje no estuvo exento de desafíos. Streep admitió haberse puesto «de los nervios» en más de una ocasión debido a la avalancha de fans y paparazzi que rodearon al equipo durante el rodaje. La actriz describió escenas caóticas en las que autobuses llenos de seguidores llegaron a los sets de filmación, y los paparazzi, en su afán por capturar imágenes, interrumpieron tomas e incluso llegaron a los golpes con el equipo de producción.
«Necesitamos vallas policiales y control de multitudes. Llegaron autobuses llenos de fans, y los paparazzi se abalanzaron; en una ocasión, no paraban de saltar delante de la cámara y de la toma, ¡y se liaron a golpes con el equipo! Anne mantuvo la calma, pero a mí me puso de los nervios», recordó Streep, destacando cómo el éxito de la primera película generó un interés masivo que nadie esperaba.
Un mensaje de cambio para la industria de la moda
La intervención de Meryl Streep y Anne Hathaway en «El diablo viste de Prada 2» envía un mensaje claro a la industria de la moda: la representación de cuerpos diversos y saludables debe ser una prioridad. Aunque la moda ha dado pasos hacia la inclusión en los últimos años, con marcas que han comenzado a mostrar tallas reales en sus desfiles y campañas, aún persisten estándares dañinos que promueven la delgadez extrema como ideal de belleza.
El compromiso de las actrices con este cambio refleja una tendencia creciente en Hollywood, donde figuras influyentes están utilizando su plataforma para promover mensajes de aceptación corporal y diversidad. Streep y Hathaway no solo han logrado que la secuela muestre una imagen más realista de la moda, sino que también han abierto un debate necesario sobre cómo el cine y la moda pueden —y deben— evolucionar para reflejar la diversidad del mundo real.
El legado de «El diablo viste de Prada» y su impacto cultural
La primera película, estrenada en 2006, se convirtió en un fenómeno cultural que retrató con ironía y agudeza el mundo de la moda y las revistas. Veinte años después, la secuela llega en un momento en que la industria enfrenta presiones para ser más inclusiva, no solo en términos de raza y género, sino también de tallas y representación corporal.
Con «El diablo viste de Prada 2», Streep y Hathaway no solo reviven a sus icónicos personajes, sino que también reafirman su compromiso con valores más allá de la pantalla. Su decisión de asegurar que las modelos en la película no fueran «esqueléticas» es un ejemplo de cómo el cine puede influir en cambios sociales, inspirando a otras producciones a adoptar prácticas más responsables y representativas.
Conclusión: Un paso hacia una moda más inclusiva
«El diablo viste de Prada 2» no solo promete ser una secuela entretenida y llena de estilo, sino también un reflejo de los cambios que la sociedad exige. Meryl Streep y Anne Hathaway han demostrado que, incluso en una industria tan competitiva y visual como la moda, es posible promover estándares más saludables y realistas.
Su acción envía un mensaje poderoso: el cine y la moda tienen la responsabilidad de representar la diversidad de manera auténtica, sin perpetuar ideales de belleza inalcanzables y dañinos. Con esta película, no solo se celebra el regreso de dos personajes icónicos, sino también el avance hacia una industria más inclusiva y consciente.
Reflexión final:
¿Crees que iniciativas como la de Streep y Hathaway pueden ayudar a cambiar los estándares de belleza en la moda y el cine? ¿Qué otros aspectos de la industria deberían evolucionar para ser más inclusivos?
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La entrada caduca en 6:26pm el miércoles, 30 septiembre 2026