Santo Domingo, República Dominicana — El traslado de más de 300 reos desde la cárcel de La Victoria al nuevo centro penitenciario Las Parras marca un hito en el sistema carcelario dominicano, donde los privados de libertad ya no tendrán que pagar 2,000 pesos por una cama ni sufrir el hacinamiento y la corrupción que caracterizaban al antiguo penal. Durante una visita guiada por el Ministerio de Vivienda y Edificaciones (Mived) y la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC), los reos expresaron su satisfacción con las nuevas instalaciones, que ofrecen mayor dignidad, seguridad y oportunidades de rehabilitación.
Testimonios de los reos: «Aquí no hay que pagar por dormir» «Me siento muy bien, ya no tendré que pagar 2,000 pesos por una cama y estoy tranquilo porque aquí no tengo que estar precavido como en La Victoria. El sistema de la corrupción allá era muy fuerte», declaró uno de los reclusos, quien cumple una condena de 10 años por robo e intento de homicidio. Este es solo uno de los más de 300 privados de libertad que fueron trasladados al nuevo penal, donde las condiciones de vida han mejorado significativamente.
Otro reo, quien cumplía su condena en espacios reducidos y compartidos con hasta 8 personas, destacó: «Tenía buena conducta y por eso me dieron la oportunidad de venir. Esto es una ayuda para salir adelante. Los comandantes nos tratan bien, la comida está buena, todo está en orden, gracias a Dios». Las nuevas celdas cuentan con camas tipo camarote, colchones, ventanas con rejas y baños con puertas corredizas, un lujo comparado con las condiciones de La Victoria, donde el hacinamiento y la insalubridad eran la norma.
Un sistema sin celulares y con economía controlada Una de las medidas más innovadoras del nuevo centro penitenciario es la prohibición total de celulares, tanto para los reos como para los agentes de Vigilancia y Tratamiento Penitenciario (VTP). «Ni los agentes VTP ni los reos podrán entrar con celulares», declaró el director de la DGSPC, Roberto Santana, quien explicó que esta medida busca evitar actos delictivos orquestados desde dentro de las cárceles, un problema recurrente en el antiguo sistema penitenciario.
Además, el nuevo penal implementará un sistema económico basado en «billetes de compra», en lugar de dinero en efectivo. Los reos podrán adquirir estos tickets mediante trabajo remunerado en áreas como informática, mecánica, agroindustria, ebanistería y fontanería, e incluso en zonas francas, gracias a acuerdos con empresas nacionales e internacionales. «Ellos pueden realizar labores productivas, y después de entregar una parte de sus ganancias al Estado y a sus familias, reciben billetes simbólicos para comprar en el ‘colmado’ del penal», explicó Santana.
Oportunidades de rehabilitación y educación Las Parras no solo ofrece mejores condiciones de vida, sino también espacios para la rehabilitación y el aprendizaje. Los reos tendrán acceso a:
- Canchas deportivas (para softball y otros deportes).
- Iglesias y capillas para atención espiritual.
- Talleres de costura y otros oficios.
- Salones para visitas familiares.
- Biblioteca y aulas equipadas con computadoras modernas para educación virtual.
«No vamos a ser analfabetos digitales», declaró Santana mientras mostraba las aulas tecnológicas, donde los reos podrán recibir formación en competencias digitales, un paso clave para su reinserción laboral una vez cumplan sus condenas.
Un modelo penitenciario con miras al futuro El nuevo centro penitenciario Las Parras representa un cambio de paradigma en el sistema carcelario dominicano, donde se prioriza la dignidad humana, la rehabilitación y la preparación para la vida fuera de la cárcel. «Este no es solo un lugar para cumplir condenas, sino un espacio donde los reos pueden prepararse para reintegrarse a la sociedad como ciudadanos productivos», afirmó Santana.
Mientras los reos se adaptan a su nuevo entorno, las autoridades destacan que este modelo busca reducir la reincidencia mediante la **educación, el trabajo y la eliminación de los factores que fomentaban la corrupción en el antiguo sistema. «Aquí no hay extorsión, no hay que pagar por nada. Es un nuevo comienzo», concluyó uno de los reclusos, reflejando el optimismo que despierta este cambio en el sistema penitenciario dominicano.