viernes 6 de febrero de 2026 06:30 am
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Por primera vez en la historia, un equipo internacional de astrónomos ha logrado capturar una imagen directa de un planeta en pleno proceso de formación, un hallazgo que marca un antes y después en el estudio de los sistemas planetarios. El protagonista de este descubrimiento es WISPIT 2b, un protoplaneta gigante gaseoso con una masa aproximadamente cinco veces mayor que la de Júpiter, que ha sido detectado incrustado en un hueco anular dentro del disco protoplanetario que rodea a su estrella madre, WISPIT 2, ubicada a 437 años luz de la Tierra. Lo que hace único a este descubrimiento no es solo la juventud del protoplaneta —que cuenta con apenas 5 millones de años, casi mil veces menos que la Tierra—, sino que es la primera evidencia visual directa de un planeta en crecimiento dentro de uno de estos huecos, algo que hasta ahora solo se había teorizado. Los discos protoplanetarios, compuestos por gas y polvo, actúan como «cunas cósmicas» donde los planetas se forman y evolucionan, y WISPIT 2b ha sido fotografiado justo en el momento en que está acumulando materia y esculpiendo su entorno, confirmando las hipótesis sobre cómo se originan los sistemas planetarios.

El logro fue posible gracias al uso de tecnología de óptica adaptativa extrema, específicamente el sistema MagAO-X, desarrollado por la Universidad de Arizona e instalado en el Telescopio Magallanes 2 (Clay) del Observatorio Las Campanas en Chile. Este instrumento, capaz de compensar las distorsiones causadas por la atmósfera terrestre, permitió a los investigadores observar el protoplaneta como un punto púrpura brillante dentro de un anillo de polvo blanco que rodea a la estrella. La imagen, que también revela un segundo punto luminoso en otro hueco del disco —posiblemente otro protoplaneta en una fase más temprana—, fue capturada utilizando luz H-alfa, una longitud de onda visible que se emite cuando el gas de hidrógeno cae desde el disco protoplanetario sobre el planeta en crecimiento, actuando como una «cascada cósmica» de energía. Este método de observación es clave, ya que los protoplanetas solo son lo suficientemente brillantes para ser detectados en sus primeras etapas de formación, cuando aún están acumulando material y liberando energía.

El equipo de investigación, liderado por científicos de la Universidad de Arizona y con la participación de la NASA, destacó que este hallazgo no solo confirma las teorías sobre la formación planetaria, sino que también abre una ventana sin precedentes para estudiar cómo los planetas interactúan con sus discos protoplanetarios. Christian Ginski, investigador de la Universidad de Galway y coautor del estudio, explicó que, tras detectar el protoplaneta, solicitaron observaciones de seguimiento que permitieron capturar una imagen espectacular de WISPIT 2b incrustado en una brecha del disco, algo que nunca antes se había logrado con tanta claridad. Además, el sistema WISPIT 2 presenta múltiples anillos concéntricos, similares a los surcos de un disco de vinilo, lo que sugiere que podría albergar más protoplanetas en diferentes etapas de desarrollo. La Agencia Espacial Europea (ESA) y otros observatorios internacionales ya han mostrado interés en continuar estudiando este sistema, que podría revolucionar nuestra comprensión de cómo se forman los planetas y los sistemas solares.

Lo más intrigante de este descubrimiento es que WISPIT 2b podría no estar solo. Las observaciones revelaron otro punto brillante en un anillo más cercano a la estrella, designado como CC1, que orbita a unas 15 unidades astronómicas (equivalente a 15 veces la distancia entre la Tierra y el Sol), mientras que WISPIT 2b se encuentra a 56 unidades astronómicas. Este segundo objeto, aunque aún no confirmado como protoplaneta, sugiere que el sistema WISPIT 2 podría ser un laboratorio natural para estudiar la formación de múltiples planetas simultáneamente. Los científicos también señalaron que, si este sistema tuviera la edad de nuestro sistema solar, no sería posible detectar estos objetos, ya que estarían demasiado fríos y oscuros. Sin embargo, la juventud de WISPIT 2b y su intensa actividad de acreción lo hacen visible, ofreciendo una oportunidad única para entender los primeros pasos de la creación de un sistema planetario.

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