viernes 6 de marzo de 2026 14:14 pm
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Ese momento en el que prefieres lo difícil antes que lo fácil Imagina que estás en un aeropuerto, con un vuelo retrasado. La aerolínea te ofrece dos alternativas para llegar a tu destino tres horas antes:

  1. Tomar un vuelo con escala en Denver.
  2. Regresar a tu ciudad de origen (San Francisco) para luego tomar un vuelo directo. Aunque ambas opciones te ahorran el mismo tiempo, es muy probable que elijas la primera. ¿Por qué? Porque la segunda implica «retroceder», y eso activa en tu cerebro un sesgo cognitivo recién identificado: la aversión al retroceso. Investigadores de la Universidad de California, Berkeley, acaban de demostrar que este fenómeno nos lleva a rechazar soluciones más eficientes si implican desandar lo ya recorrido, incluso cuando el resultado final es el mismo o mejores.gizmodo.com+1.

Un sesgo que nos sabotea sin darnos cuenta

El estudio, publicado en la revista Psychological Science, reveló que la aversión al retroceso es un error mental distinto —aunque relacionado— con otros sesgos conocidos, como la falacia del costo hundido (persistir en algo solo por lo ya invertido) o el sesgo del status quo (preferir lo conocido por miedo al cambio). Lo que hace único a este nuevo sesgo es que no se trata de perder recursos, sino de la resistencia psicológica a «volver atrás», aunque sea la opción más lógicajournals.sagepub.com+2.

Los investigadores, liderados por la psicóloga Kristine Cho, realizaron cuatro experimentos con más de 2.500 participantes. En uno de ellos, los voluntarios debían completar una tarea virtual (como recitar palabras que comenzaran con una letra). A mitad del ejercicio, se les ofreció cambiar a una opción más sencilla, pero solo si «borraban» su progreso previo. El 75% prefirió seguir con la tarea original, aunque la nueva fuera más fácil y el resultado final idéntico. «Cuando vi los datos, pensé que había un error. ¿Cómo podíamos preferir lo ineficiente solo por no retroceder?», comentó Choes.gizmodo.com.

¿Dónde aparece este sesgo en tu vida?

La aversión al retroceso no solo se limita a ejemplos hipotéticos. Aquí hay situaciones cotidianas donde puede estar afectando tus decisiones:

  1. En el trabajo:
    • Insistes en un proyecto que claramente no funciona, solo porque ya llevas meses trabajando en él, en lugar de pivotar hacia una estrategia más prometedora.
    • Te aferras a un método obsoleto (como un software complicado) porque «ya aprendiste a usarlo», aunque exista una alternativa más intuitiva.
  2. En las finanzas:
    • Mantienes una inversión que no rinde, solo porque llevas años con ella, en lugar de mover tu dinero a una opción con mejor retorno.
  3. En las relaciones:
    • Sigues en una dinámica tóxica (de pareja, amistad o incluso laboral) porque «ya has invertido mucho tiempo», aunque sea claro que no te hace feliz.
  4. En lo personal:
    • Continúas con un hobby o rutina que ya no disfrutas, solo por el esfuerzo que has puesto en él hasta ahora.

¿Por qué nos pasa esto?

Los investigadores señalan tres razones principales:

  1. Miedo a la pérdida: Sentimos que «desperdiciamos» el esfuerzo previo si cambiamos de rumbo, aunque el nuevo camino sea mejor.
  2. Falta de flexibilidad cognitiva: Nuestra mente prefiere la continuidad, incluso si es ineficiente, porque el cambio requiere energía mental.
  3. Sesgo de progreso: Valoramos más el «avance» (aunque sea ilusorio) que la eficiencia realpsicologiaymente.com+1.

Cómo vencer la aversión al retroceso

  1. Pregúntate: «Si empezara desde cero hoy, ¿elegiría este camino?». Si la respuesta es no, es señal de que estás cayendo en el sesgo.
  2. Enfócate en el objetivo final, no en el camino recorrido. ¿Qué opción te acerca más a tu meta, independientemente de lo que hayas hecho antes?
  3. Normaliza el «borrón y cuenta nueva»: A veces, retroceder un paso es necesario para avanzar dos. Piensa en ello como una inversión en eficiencia, no como un fracaso.
  4. Practica la adaptabilidad: Entrena tu mente para aceptar que cambiar de rumbo no es sinónimo de derrota, sino de inteligencia emocional.

Un sesgo más en nuestra lista de «trampas mentales»

La aversión al retroceso se suma a la larga lista de sesgos cognitivos que influyen en nuestras decisiones, como la falacia del costo hundido o el efecto de anclaje. Lo positivo es que, al ser conscientes de ellos, podemos tomar decisiones más racionales y alineadas con nuestros verdaderos objetivos. Como dijo la propia Kristine Cho: «Reconocer estos patrones es el primer paso para liberarnos de ellos».

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